Editorial
Días de gloria en la escena económica global. La verificación de que la economía mundial crece por encima del promedio de las últimas décadas, al tiempo que acentúa su grado de integración, con la concurrencia de un creciente numero de países, y sin que emerjan nuevos ni mas intensos desequilibrios que los ya conocidos desde hace años, justifica esa valoración con que no pocas instituciones caracterizan el último ejercicio y las perspectivas que amparan el actual.
Ritmos de crecimiento del PIB mundial en el entorno del 5%, sin repuntes significativos en la inflación, a pesar de importantes tensiones en los precios de las materias primas, avalaría en primera instancia esa singularidad. Como lo haría la extensión del crecimiento a todas las regiones del mundo. En ese amplio, aunque desigual, alcance de la expansión en el pasado año, el crecimiento del comercio y de los flujos de capital transfronterizos han jugado un papel importante. Mientras que los intercambios comerciales crecían significativamente por encima del PIB global, los flujos de inversión extranjera directa por tercer año consecutivo lo hacían hasta alcanzar 1,2 billones de dólares en el conjunto de 2006, según estimaciones de la UNCTAD, un 34% más que lo registrado el año anterior.
Los perfiles favorables del año se completan con la ausencia de concreción de las amenazas asociadas a la ampliación de los desequilibrios globales: a la intensificación del apetito estadounidense por el ahorro exterior con el fin de cubrir un déficit por cuenta corriente en su balanza de pagos que se habrá acercado al 7% de su PIB. En la capacidad para sortear esos peligros, la eficiencia del sistema financiero global y la del estadounidense en particular han jugado un papel importante.
La relativa facilidad con que se está llevando a cabo esta nueva edición del reciclaje de los petrodólares, derivados del muy importante incremento en el precio del petróleo, está favoreciendo la transición a un ejercicio de perfiles menos adversos que los que se anticipaban. En esas más favorables perspectivas desempeña un papel importante la recuperación de las economías centrales de la eurozona, Alemania de forma particular. A pesar de la orientación restrictiva de su política fiscal y del endurecimiento monetario en ciernes, de la mano de un BCE nada dispuesto a bajar la guardia frente a una inflación relativamente baja, la principal economía europea puede crecer mas de lo previsto en 2007.
De ello se beneficiará la economía española, cuyo comportamiento en 2006 ha vuelto a ser muy favorable con un crecimiento del PIB del 3,8%. Esta valoración es tanto más pertinente cuanto mas dilatada es la fase expansiva en la que está inmersa. Crecimiento del empleo, contención de la inflación, y continuidad en la generación de superávit de las finanzas públicas conforman esos perfiles de 2006. La ampliación del déficit exterior, la continuidad del deterioro de la competitividad internacional, sigue denunciando limitaciones serias en el patrón de crecimiento español.
Una mayor pulsación de la demanda en Europa podría contribuir a ese largamente esperado relevo en la determinación del crecimiento, favoreciendo una expansión mayor de las exportaciones y, con ello, posibilitando que el sector exterior deje de ejercer un serio drenaje de crecimiento. Siendo esa recuperación de nuestros socios necesaria, no es sin embargo suficiente. La modificación del patrón de crecimiento sigue requiriendo una mayor apuesta por esas dotaciones de capital que observamos en las economías más competitivas. Una más decidida orientación de la inversión hacia el conocimiento, la eliminación de obstáculos a la creación de empresas de base tecnológica, y la reducción de estímulos al predominio de sectores menos intensivos en capital tecnológico, pueden facilitar esa transición hacia una economía mas moderna, menos vulnerable.
A la disposición de elementos de juicio suficientes, y con la suficiente diversidad de perspectivas analíticas, va dirigido un año más este número extraordinario de Economistas.
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