Editorial
AÑO DEMASIADO NUEVO
El año del que se ocupa este numero extraordinario de Economistas ha presenciado suficientes alteraciones en el normal discurrir de la actividad económica y financiera global para que, además de acreditar su registro diferenciado, condicione de forma significativa la evolución en los dos siguientes. La tendencia dominante durante más de una década en el crecimiento de la economía mundial, con una marcada estabilidad de los precios que condujo la tasa de inflación a los niveles mas reducidos de los últimos treinta años, registrará una inflexión significativa en 2008 como consecuencia de episodios que emergieron un año antes.
El desplome de los precios de los activos inmobiliarios en EE.UU. y la crisis crediticia que le sucedió son, efectivamente, los mas novedosos y vinculantes en la determinación de la revisión a la baja de las previsiones de crecimiento con que se despedía el año en la principal economía del mundo. Pero al deterioro de las expectativas de crecimiento y, en todo caso, de la preservación de la estabilidad de precios contribuyeron de forma diferencial los incrementos en el precio de las materias primas y, de forma particular, los del petróleo. El 4,8% de crecimiento previsto para el PIB global en octubre (desde el 5,2% registrado en 2006) por el FMI hoy es considerado a todas luces demasiado elevado. En apenas tres meses el deterioro experimentado en EE.UU. ha sido considerable, y la evolución favorable que se observó en Europa y Japón se detuvo también a final del año. Únicamente las economías emergentes parecían resistir los vientos contaminados procedentes del norte del Atlántico y seguían constituyendo la principal tracción de la economía mundial, especialmente el subgrupo constituido por los BRIC (Brasil, Rusia, India y China).
Este es otro de los rasgos singulares no sólo de la desaceleración real observada en las economías avanzadas, sino igualmente en la crisis financiera originada en la principal economía del mundo. Es esta la primera crisis financiera cuyo contagio no ha alcanzado a los mercados emergentes, al menos por el momento. Es más, son instituciones de algunos de estos países las que han acudido en apoyo de la capitalización que han necesitado algunos de los más importantes bancos de inversión del mundo. No faltan razones, en todo caso, para contemplar la pujanza relativa de estas economías como vulnerable si finalmente las economías avanzadas agudizan su debilidad en los próximos meses.
Como tampoco quedará inmune la larga fase expansiva con la que la economía española concluía 2007. En realidad, las señales de moderación en el ritmo de crecimiento ya quedaron explícitas en los indicadores de los últimos meses del año, de forma muy especial los relativos al sector de la construcción residencial, uno de los que más han contribuido a esos catorce años de crecimiento ininterrumpido y a la no menos destacada creación de empleo en los últimos años. La desaceleración coexistía con una tasa de inflación también históricamente elevada, más tributaria que otras economías de las alzas en los precios de la energía y de los alimentos, pero también de limitaciones específicas en el funcionamiento de nuestros mercados.
Esas sombras no pudieron empañar los avances en convergencia real que ha registrado la economía española a pesar del mantenimiento de ritmos de crecimiento de la productividad muy reducidos. Su elevación bien podría reflejar la síntesis de los retos a los que se enfrenta nuestra economía. El fortalecimiento de las dotaciones de capital humano y tecnológico, la mejora de la calidad de las instituciones y el mejor funcionamiento de los mercados son actuaciones en las que los economistas convendrían, válidas no sólo para acelerar el cambio en el patrón de crecimiento de la economía española, sino igualmente para la reducción de los desequilibrios que la acompañan desde hace demasiados años.
El balance que este año presenta Economistas hace el numero veinticuatro y cumple la revista veinticinco años. Un cuarto de siglo de comparecencias ante sus lectores con el ánimo de que el debate económico se asiente en bases analíticas firmes, suficientemente plurales y rigurosas. Las que demanda uno de los períodos más singulares en la historia económica. A todos los colaboradores, un año más, el sincero agradecimiento del Consejo de Redacción.
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